viernes, 11 de diciembre de 2015

Vibrandote

Tu presencia frente a mi me paraliza los sentidos.
Me arde el pecho al sentir tu mirada, presiento su cercanía y mi cuerpo se desvanece.
No es justo que pierda el control de mis movimientos de modo tan poco sutil.
Por fuera parezco fría y profesional, por dentro me deshago en mil pétalos.
Tu mirada me envuelve, y no puedo hacer más que desviar la vista.
Me intimidas de tal modo que soy casi como una pequeña ninfa, muriendo de deseo;
pero que a su vez está envuelta en el temor por tu humanidad pacifica.
Es inútil intentar entender cómo algo tan inocente significa todo lo contrario.

Es divina la sensación de vivir cuando estás micro-momentos respirando mi aire,
en mi alrededor, cargándome para esperarte.

Te observo tímidamente de reojo, y cuando te descuidas mis labios saborean el imaginarte.
Tan cerca, estás tan cerca. Vibro, te siento, y te vivo.
Mis nervios engañados no responden a mis señales, el contacto visual es un desafío
¿Con qué derecho venís a revolucionar mi vida?
¿Con qué derecho te entrego mi vida sin que lo sepas?
¿Con qué derecho me robas la valentía?
¿Con que fin, hacés que desee una eternidad?


Tanto para prometer sin promesas

Y las gotas me derriten, necesito líquido del que me lleva allá.
No sé dónde, pero mi arrepentimiento simultáneo pide que retroceda.
No hay vuelta atrás, tal vez el impulso me juega la mala pasada.

Yo misma sé que esa vuelta no se puede, ya.
Que va si las burbujas leves me dicen que nada tiene otro sentido.
Y dándole razones avanzo, bajo, subo, toco fondo y hago pie.

Ojalá estuvieras acá,
ojalá compartas mi viaje,
ojalá mi boleto fuera sólo de ida.

Tenés ese aire que me tranquiliza, pero me desespera.
Tenés esa tranquilidad que admiro, pero no entiendo.
Tenés esa mirada que sostengo, pero que me debilita.

Sos una figura que mi mente reclama,
sos el nombre que mis labios repiten en voz baja,
sos lo primero que pienso y lo ultimo que en mi cabeza resuena antes de dormir.




jueves, 8 de octubre de 2015

Respirar

Comienza el juego que no quiero jugar, el que me obligas a participar inconscientemente. 
Cuando mi corazón palpita al verte del otro lado, mis sentidos se congelan y hierven.
Mis manos transpiran, mi respiración se acelera. 

Y de repente bajo al abismo de verte desaparecer, de no llegar a tocarte. 
Mis ojos siguen clavados en ti, intentando divisar tus movimientos. 
¿De dónde saliste? 

La mente ya no me da para seguir este ritmo enfermizo, mundillo en el que sola entré, en el que puedo salir en cualquier momento, pero del que no quiero alejarme. 

Respiro hondo, y el aire no me llega. 
El ruido se pone irritante, y es inevitable la tensión. 
Muevo mi mirada sin éxito de entender. 

El ceño fruncido, la boca apretada, los ojos enormes asomando tras unas largas pestañas,
bajo unas finas cejas. 
Manos en movimiento continuo, oídos en alerta. Duda latente. 

El estómago no parece de mi cuerpo, hay un nudo obstruyendo. 
La sangre viajando a toda fuerza, a cada rincón.
Volviste a desaparecer y no quiero esperarte. Volviste a desaparecer y no puedo irme.   

Casi sin darme cuenta

Sosteniendo la taza, las horas no piden permiso para avanzar.
Tu recuerdo se me hace cada vez más borroso, casi no distingo un gesto particular, no lo retengo en mi memoria.
Que el amanecer te relate un cuento,
cuando aún mis ojos están cerrados.

Aparece sin dar aviso, desaparece aún más rápido que su llegada.
Ya no me siento derribada, ¿qué hiciste? ¿por qué lo rompiste?.
Estás perdiendo lo que nunca tuviste.

El café se enfría y una puerta explota a lo lejos.
El teléfono no suena, las voces son recurrentes. El agua sigue fría.

Otro sorbo, y mi cara denota un largo mal dormir.
Me miro en reflejo y no hay noticias desde esta mañana.
Los minutos avanzan con una constancia alarmante.

Otra vez el insecto hace de las suyas, ignoremoslo.
Por cada trago, cada minuto, cada suspiro.




¿Para qué hacer versos que no riman y palabras que no sean leídas?

¿Para qué intentar concentrarse entre el bullicio?
¿Para qué formular preguntas que no tendrán respuestas?

Mis ojos miran más de lo que observan, siento otras miradas sobre mi.
El café ya está tibio, sigo extrañandote.


sábado, 22 de agosto de 2015

Hay de todo en la nada

Melodías que me retraen y me asientan en madrugadas solitarias.
Calles llenas de vacío. Ganas de tus besos, contemplo el anhelo de tus abrazos.
No hay más de aquel deseo, que finalizó hiriendo partes de mi ser.

Gracias por esta luz que me contempla, gracias por la oscuridad que me protege.
Me abrigo en un calor propio, mi mente va más allá; la freno, pero sigue.
Es una guerra interna, incesante, intensa, tensa.
Mía, tuya, suya, nuestra.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Qué pasa si esta noche tus besos me llevan más allá del eclipse.
Si los cuerpos se mezclan en un sinfín de sonrisas.
¿Cómo mirar una luna sin saber que el brillo es tuyo?
Y la alegría es inminente. Casi parece por casualidad, pero la causalidad puede más.
No será, siempre es. Hoy es ahora. Mañana no existe.

Subiendo

La sensación de dejar fluir nuevamente mis dedos en este placer de plasmar letras virtuales, lleva mis sentidos al punto del goce.
Ya no escribo para ti, escribo para mi.
Escribo para mi desahogo, y en esta vuelta quizás cambie el rumbo, podría el viento cambiar el sentido de mi vela, y así, llegando a otros puertos te relate otros sabores.
No interpretes lo que no te estoy diciendo.
En la caída libre le permití a un despechado su venganza. Caí en mi propia trampa.
Casi lo predije, la soledad es una mala compañera, te llena la cabeza y te seca el corazón.


Vuelven los días de sábanas perfumadas, de sonrisas cómplices, de llantos ahogados, de ojos brillosos, de horas despiertas, de días dormidos, de noches resplandecientes, abandonando el cuerpo, migrando sólo con el alma.