jueves, 8 de octubre de 2015

Casi sin darme cuenta

Sosteniendo la taza, las horas no piden permiso para avanzar.
Tu recuerdo se me hace cada vez más borroso, casi no distingo un gesto particular, no lo retengo en mi memoria.
Que el amanecer te relate un cuento,
cuando aún mis ojos están cerrados.

Aparece sin dar aviso, desaparece aún más rápido que su llegada.
Ya no me siento derribada, ¿qué hiciste? ¿por qué lo rompiste?.
Estás perdiendo lo que nunca tuviste.

El café se enfría y una puerta explota a lo lejos.
El teléfono no suena, las voces son recurrentes. El agua sigue fría.

Otro sorbo, y mi cara denota un largo mal dormir.
Me miro en reflejo y no hay noticias desde esta mañana.
Los minutos avanzan con una constancia alarmante.

Otra vez el insecto hace de las suyas, ignoremoslo.
Por cada trago, cada minuto, cada suspiro.




¿Para qué hacer versos que no riman y palabras que no sean leídas?

¿Para qué intentar concentrarse entre el bullicio?
¿Para qué formular preguntas que no tendrán respuestas?

Mis ojos miran más de lo que observan, siento otras miradas sobre mi.
El café ya está tibio, sigo extrañandote.


No hay comentarios:

Publicar un comentario