viernes, 11 de diciembre de 2015

Vibrandote

Tu presencia frente a mi me paraliza los sentidos.
Me arde el pecho al sentir tu mirada, presiento su cercanía y mi cuerpo se desvanece.
No es justo que pierda el control de mis movimientos de modo tan poco sutil.
Por fuera parezco fría y profesional, por dentro me deshago en mil pétalos.
Tu mirada me envuelve, y no puedo hacer más que desviar la vista.
Me intimidas de tal modo que soy casi como una pequeña ninfa, muriendo de deseo;
pero que a su vez está envuelta en el temor por tu humanidad pacifica.
Es inútil intentar entender cómo algo tan inocente significa todo lo contrario.

Es divina la sensación de vivir cuando estás micro-momentos respirando mi aire,
en mi alrededor, cargándome para esperarte.

Te observo tímidamente de reojo, y cuando te descuidas mis labios saborean el imaginarte.
Tan cerca, estás tan cerca. Vibro, te siento, y te vivo.
Mis nervios engañados no responden a mis señales, el contacto visual es un desafío
¿Con qué derecho venís a revolucionar mi vida?
¿Con qué derecho te entrego mi vida sin que lo sepas?
¿Con qué derecho me robas la valentía?
¿Con que fin, hacés que desee una eternidad?


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