Mi cuerpo palpita, mi corazón bombea para deshacerse.
Cuando presiento tu presencia es un momento clave.
Moves hasta la última de mis células por el único hecho de cruzar esa puerta.
Me paralizo y sigo, por inercia muevo lo que queda de mi.
Y me ves, pierdo cada conexión con mis acciones.
Soy el ser más distante que puedas cruzarte, pero sabes que mi mirada te reconforta.
Nadie sospecharía que esa persona sacude mis cimientos,
nadie percata el volcán que erupciona,
nadie ve que mi humanidad colapsa frente a su actitud.
Y cuando el mediodía culmine, mis ansias crecerán,
cuando el sol o la lluvia no se distingan entre la claridad del día,
o asimismo cuando la noche se cierre, yo sentiré las mismas explosiones internas.
¿Será que soy tan vulnerable por enloquecer? ¿o tan fuerte por saber desimularlo?
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