Me gustaría poder describir lo que mi cabeza analiza.
Mis sentimientos se dividen en cada uno.
Los que están y los que quisiera que estuviesen.
Si mis ojos se cerraran para siempre, me quedo con los recuerdos más tibios.
Extraño tus palabras, extraño tus abrazos.
Sillón blanco, estufa a leña, castañas de cajú, vino blanco, tus sabanas, mi cuerpo.
Tu sillón y mi deseo, tu música y mis labios.
Tus comidas y mis ganas de comerte a besos.
Quisiera volver mil siglos atrás, que cada una de tus llamadas prohibidas se graben en mi piel.
Que cada beso a escondidas resurja y llene mi alma nuevamente.
Que cada viaje escapado se aproveche al cien por ciento, con tus miradas color miel.
Contigo conocí lo que quiero y lo que no, pero sobre todo contigo aprendí a amar.
Sólo por ti volvería el tiempo atrás, sólo para sentir nuevamente ese beso,
ese beso con el corazón de hotel latiendo a todo lo que da,
explotando en amor, deseo, nervios y placer.
Vacío, no me queda más de tu experiencia, me resigno a que me generes algo, me resisto a tu efecto.
Y no sé si perderé la cordura, o si freno esto de algún modo inteligente, pero si te tengo enfrente pierdo los estribos.
Y si me quedo contigo, mi noche estará a salvo, te deseo pero no te amo, te quiero pero no lo siento.
Qué será lo que hago contigo, me moves el mundo cuando te tengo enfrente, pero si me alejo no te percibo.
Estoy tramando el mismo juego, sin querer hacerte daño, mi condición es llevarlo a cabo.
Te pido perdón de ante mano, no lo disfruto, y por eso disimulo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario