jueves, 8 de octubre de 2015

Respirar

Comienza el juego que no quiero jugar, el que me obligas a participar inconscientemente. 
Cuando mi corazón palpita al verte del otro lado, mis sentidos se congelan y hierven.
Mis manos transpiran, mi respiración se acelera. 

Y de repente bajo al abismo de verte desaparecer, de no llegar a tocarte. 
Mis ojos siguen clavados en ti, intentando divisar tus movimientos. 
¿De dónde saliste? 

La mente ya no me da para seguir este ritmo enfermizo, mundillo en el que sola entré, en el que puedo salir en cualquier momento, pero del que no quiero alejarme. 

Respiro hondo, y el aire no me llega. 
El ruido se pone irritante, y es inevitable la tensión. 
Muevo mi mirada sin éxito de entender. 

El ceño fruncido, la boca apretada, los ojos enormes asomando tras unas largas pestañas,
bajo unas finas cejas. 
Manos en movimiento continuo, oídos en alerta. Duda latente. 

El estómago no parece de mi cuerpo, hay un nudo obstruyendo. 
La sangre viajando a toda fuerza, a cada rincón.
Volviste a desaparecer y no quiero esperarte. Volviste a desaparecer y no puedo irme.   

Casi sin darme cuenta

Sosteniendo la taza, las horas no piden permiso para avanzar.
Tu recuerdo se me hace cada vez más borroso, casi no distingo un gesto particular, no lo retengo en mi memoria.
Que el amanecer te relate un cuento,
cuando aún mis ojos están cerrados.

Aparece sin dar aviso, desaparece aún más rápido que su llegada.
Ya no me siento derribada, ¿qué hiciste? ¿por qué lo rompiste?.
Estás perdiendo lo que nunca tuviste.

El café se enfría y una puerta explota a lo lejos.
El teléfono no suena, las voces son recurrentes. El agua sigue fría.

Otro sorbo, y mi cara denota un largo mal dormir.
Me miro en reflejo y no hay noticias desde esta mañana.
Los minutos avanzan con una constancia alarmante.

Otra vez el insecto hace de las suyas, ignoremoslo.
Por cada trago, cada minuto, cada suspiro.




¿Para qué hacer versos que no riman y palabras que no sean leídas?

¿Para qué intentar concentrarse entre el bullicio?
¿Para qué formular preguntas que no tendrán respuestas?

Mis ojos miran más de lo que observan, siento otras miradas sobre mi.
El café ya está tibio, sigo extrañandote.