Sentir que con tus ojos entras en mí, y te adueñas de mi actitud.
Quizá entre en tu juego, y más allá de pasarme horas haciendo tiempo para estar ahí, dónde siempre quiero, y dónde siempre me dejás estar.
Tu juego sigue hasta la despedida, y tu beso no es amistad,
rozando la comisura de mis labios te despedís sin ganas de que me vaya, y yo no tengo ganas de irme.
Pero es parte de las reglas de
Si supiera cómo llegar a ese punto que me invitas, y aún no junto coraje.
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