lunes, 8 de octubre de 2012

Un ave que puede ser Dios.


¡Egoísta! que envenenó, y no dió a conocer el posible antídoto. 
¡Egoísta! que me drogó, y terminó gozando mi abstinencia. 
¡Egoísta! que absorbió toda mi energía, y me debilitó vilmente. 
El que remó mucho fue él, y la que murió en la orilla fue ella. 

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